La cultura preventiva puede definirse como el conjunto de valores y hábitos que son conocidos y compartidos por una organización, que determinan el comportamiento y las reacciones ante los riesgos laborales.
En otras palabras, la cultura preventiva es la forma en que todas las personas que trabajan en un lugar piensan y actúan respecto a su seguridad y la preservación de su salud. No es solo saber y aplicar las normas, sino compartir colectivamente un conjunto de actitudes que nos hacen reaccionar de una manera determinada ante un peligro.
Se aspira a que la seguridad+salud se internalicen como un valor personal y organizacional para lograr una integración preventiva en el sistema de gestión general con el objetivo de:
- Reducir la siniestralidad laboral y preservar la salud de la plantilla.
- Generar un clima laboral positivo en un entorno de trabajo seguro.
- Promocionar la participación del personal y la asunción de responsabilidades.
- Aumentar la productividad y la eficiencia para obtener mejores resultados.
- Consolidar una buena imagen y reputación de la empresa.
- Ir más allá del mero cumplimiento de la legislación y la normativa técnica vigente.

10 Códigos de Buenas Prácticas
Avanzar en la cultura preventiva es una decisión estratégica acertada. Para lograr los objetivos e impulsar las mejoras, se propone una lista de 10 Códigos de Buenas Prácticas (CBP) a implementar en las empresas:
- Política de gerencia con un compromiso firme y que dé ejemplo.
- Diagnóstico inicial del estado de madurez cultural, identificando fortalezas y debilidades.
- Diseño de un plan de acción con detalle de las metas, las principales acciones, los plazos, los recursos disponibles y el reparto de responsabilidades.
- Liderazgo para el desarrollo del plan de acción, considerando la diversidad presente.
- Comunicación efectiva y diálogo fluido para conseguir retroalimentación y empatía.
- Coordinación entre dirección y mandos intermedios, básica para arrastrar a la plantilla.
- Participación activa de todo el personal, enfocada al aprendizaje y empoderamiento.
- Información y capacitación continua y actualizada, adaptada a los distintos niveles.
- Medición del progreso mediante indicadores clave (KPIs) y auditorías de seguimiento.
- Reconocimiento de comportamientos seguros y firmeza ante los inseguros.
Se trata de liderar un cambio donde se pase de una seguridad reactiva a comportamientos proactivos e integrados en toda la organización. Lo anterior se contrapone a la estrategia que externaliza toda la prevención de riesgos laborales, por ejemplo, al buscar las soluciones dentro de la propia empresa.
Ciclo de mejora de la cultura preventiva
El proceso no debe ser estático sino muy dinámico, pudiendo desarrollarse a partir del modelo de mejora continua como el que propone el CDC (Centers for Disease Control and Prevention) americano que persigue un ciclo de fortalecimiento constante de la cultura preventiva, basado en:

Si ponemos el foco en lo cultural y nos centramos en el cambio de comportamiento y la corresponsabilidad, podemos aspirar a una mejora sostenible de la seguridad y la salud en la empresa, influyendo en el comportamiento humano y sus hábitos, así como en la calidad de las relaciones personales. El éxito dependerá del ‘feedback’, del ajuste permanente y de la voluntad de evolucionar, en función de las respuestas de la plantilla a los nuevos desafíos.
En definitiva, será un esfuerzo sostenido en el tiempo, en constante evolución y sin fecha de finalización que necesitará adaptarse a las especificidades de cada empresa y que incidirá sobre todo en el factor humano por lo que, con toda seguridad, deberá vencer resistencias al cambio e inercias organizacionales.
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Toni Perramon
Dirección de Prevención de Asepeyo