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Estirar en el trabajo

El sedentarismo, la falta de una vida activa, una previsión de una vida laboral cada vez más amplia, el aumento de la edad media de los trabajadores y la realización de determinados movimientos y  posturas durante un tiempo o en un rango de movimiento concreto, pueden dar lugar a la aparición de trastornos musculoesqueléticos (TME). Estos y las enfermedades profesionales producen un sufrimiento personal a las personas que los padecen y generan en las empresas diferentes problemas, como absentismo, aumento de costes no productivos derivados de la  enfermedad, disconfort del trabajador o descenso de la productividad.

Los trastornos musculoesqueléticos más comunes

En el ámbito laboral, aproximadamente tres de cada cinco trabajadores de la Unión Europea presentan síntomas relacionados con TME. Los tipos más comunes de TME son el dolor de espalda y los dolores musculares en las extremidades superiores (fuente Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo – EU-OSHA). El 78 % de las enfermedades profesionales declaradas por Asepeyo en 2019 estaban localizadas en hombro, codo, brazo, muñeca y dedos.

Los trastornos musculoesqueléticos se producen cuando se deterioran estructuras corporales como músculos, articulaciones, tendones, ligamentos, nervios, cartílagos, huesos y sistema  circulatorio.

Una de las principales causas que originan estos TME es la realización de esfuerzos con el cuerpo en determinadas posturas extremas. Para realizar estos movimientos y mantener estas posturas, será necesaria la contracción de músculos del cuello, los hombros, los brazos y de las manos. Cuanto mayor sea el esfuerzo, mayor fuerza muscular debemos desarrollar y mayor tensión adquirirán los músculos, tendones y ligamentos de las zonas del cuerpo que intervienen en el movimiento.

Por otro lado, cuando se realizan flexoextensiones de manera repetida, se puede producir una  sobrecarga en el tendón, desencadenando fenómenos inflamatorios en él. Esto desemboca en dolor, fricción del mismo y, por consiguiente, falta de movilidad. Hay posturas, movimientos y apoyos de las extremidades superiores que dan lugar a la compresión de uno o varios nervios, pudiendo desarrollar neuropatías por presión. Cuanto antes se gestione un TME, menor será la probabilidad de que se convierta en una enfermedad crónica que lleve a una ausencia laboral prolongada.

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Actuar en su prevención, cuanto antes

Entre las medidas preventivas a adoptar, se pueden implementar medidas técnicas y de ingeniería como modificar del puesto de trabajo, obtener equipos de trabajo diferentes, automatizar determinadas tareas, realizar un mantenimiento preventivo para equipo, maquinaria y herramientas…

Junto con ellas, se pueden introducir medidas organizativas para actuar sobre procedimientos y técnicas de trabajo que modifican la forma en que se desempeñan las tareas, diseñar nuevos  métodos de trabajo, implantar un sistema de rotación de los trabajadores, instruir a todos los trabajadores en los diferentes puestos para que sean polivalentes, realizar cambios en la tarea para que sea más variada, diversificando las operaciones….

De manera complementaria a estas medidas técnicas y organizativas, la promoción de la salud en el lugar de trabajo comienza a estar presente en la agenda de muchas empresas, instituciones y organizaciones empresariales, ya que se ha observado que, tomando medidas para mejorar la salud de los trabajadores, es posible mejorar la “salud” de la  empresa. De ahí la aparición de la denominada ergonomía activa, que propone la realización de ejercicios físicos con el objetivo de mejorar la condición física del trabajador y aliviar aquellas partes del sistema musculoesquelético más sobrecargadas, como estrategia para aumentar la resistencia frente a trastornos del aparato locomotor.

Realizando ejercicios de calentamiento, estiramiento y pausas activas, podemos contribuir de manera efectiva a la prevención de trastornos musculoesqueléticos en el ámbito laboral y ayudar al trabajador a tomar consciencia de su cuerpo, lo que nos ayudará a mejorar la higiene postural en el puesto de trabajo.

Los beneficios de una rutina de calentamiento, pausas y estiramientos

Realizar un esfuerzo sin haber realizado un CALENTAMIENTO PREVIO y sin un estado de  forma adecuado, puede generar lesiones tales como “roturas de fibras, esguinces,  contracturas, tirones, pinzamientos…”. Este calentamiento previo se puede conseguir realizando diferentes ejercicios de movilidad.

Con ejercicios de calentamiento conseguimos elevar la temperatura corporal, incrementar el  aporte de sangre a los tejidos, mejorar la lubricación de nuestras articulaciones, su rango de  movimiento y el de los músculos. También conseguimos mejorar la propiocepción del trabajador, que es la capacidad por parte del trabajador de sentir/tomar consciencia de la posición relativa de sus distintas partes corporales y su estado.

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Por otro lado, cuando un músculo realiza un esfuerzo, las fibras se contraen y se acortan. El  principal beneficio de los ESTIRAMIENTOS musculares es conseguir alargar esas fibras musculares, es decir, el efecto contrario. También conseguimos eliminar la tensión acumulada, evitar la formación de adherencias y reducir la rigidez de los mismos. Con los estiramientos podemos mejorar y mantener la flexibilidad de los músculos, aumentando/manteniendo su amplitud y rango de movimiento, y permitiendo una mejor recuperación después de haber realizado un esfuerzo.

No debemos olvidar las PAUSAS ACTIVAS, con las que, mediante la realización de movimientos antagónicos a los ejecutados hasta el momento y el cambio de tarea por otra en la que haya una menor demanda de esfuerzo, conseguimos llevar a reposo en el grupo muscular empleado previamente, permitiéndole un descanso, recuperando energía, interrumpiendo una postura mantenida y mejorando el desempeño y la eficiencia de la musculatura en el trabajo. Son complementarias con una pausa total de la actividad.

¿Cómo implantar estos ejercicios en una empresa?

Un plan de acción para la implantación de esta rutina de ejercicios podría ser el siguiente:

Fase 1. Seleccionar los trabajadores “destinatarios”. La empresa decidirá si solamente lo aplica en puestos de trabajo con cierta demanda física, o bien, si lo extiende a un número mayor de trabajadores como herramienta para promoción de la cultura de salud y bienestar en su empresa.

Fase 2. Elegir la zona del cuerpo sobre la que actuar.

Fase 3. Explicar a los representantes de los trabajadores la finalidad de esta medida, estando abiertos a posibles propuestas de mejora.

Fase 4. Seleccionar el momento preciso para su realización dentro de la planificación diaria de tareas.

Fase 5.  Elegir el canal adecuado mediante el cuál se realizará la promoción de estos ejercicios  y se recogerá el feedback de los trabajadores.

Fase 6. Promocionar los ejercicios difundiéndolos y concienciando a los trabajadores de sus  beneficios.

Fase 7. Recoger feedback y valoraciones del programa para revisar y replantear la estrategia  utilizada.

Si quieres más información, consulta la monografía ‘Calentamiento, pausas y estiramientos en el  ámbito laboral (extremidades superiores)’, que se encuentra a su disposición en nuestro Portal de Prevención.

Y si quieres poner todo esto en práctica, no te pierdas este vídeo:


Álvaro Redondo Bañuelos

Consultor en Prevención de Asepeyo

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