Alimentación saludable en verano: ¿qué comer cuando hace calor?

Con la llegada del buen tiempo también cambian nuestras rutinas, nuestro apetito y nuestras necesidades. En primavera y verano solemos buscar comidas más ligeras, frescas y fáciles de digerir. Y no es casualidad, el calor influye directamente en cómo se comporta nuestro cuerpo y en la forma en la que necesitamos alimentarnos.

La buena noticia es que la dieta mediterránea sigue siendo la mejor aliada, para cuidar nuestra salud también durante los meses más cálidos.

¿Necesitamos comer diferente en verano?

Sí, aunque no de forma radical. Durante el verano nuestro cuerpo necesita mantenerse hidratado y regular mejor la temperatura corporal. Por eso solemos tolerar menos las comidas pesadas y preferimos alimentos frescos y ricos en agua.

Además, las necesidades calóricas y nutricionales pueden variar según:

  • La edad
  • El nivel de actividad física
  • El estado de salud
  • El estilo de vida
  • La exposición al calor

Por eso, aunque existen recomendaciones generales, cada persona puede necesitar pautas diferentes,  por lo que es preferible consultar con un profesional.

La dieta mediterránea, base de la alimentación saludable todo el año

La dieta mediterránea es uno de los modelos alimentarios con mayor respaldo científico. Se ha relacionado con beneficios importantes para la salud, como:

  • Reducción del riesgo cardiovascular
  • Mejor control de la diabetes tipo 2
  • Prevención de algunas enfermedades crónicas
  • Ayuda en el control del peso
  • Mejora de la función cognitiva

En primavera y verano, este modelo alimentario encaja perfectamente gracias al protagonismo de frutas, verduras, legumbres, pescado, aceite de oliva y alimentos frescos de temporada.

Beneficios de consumir alimentos de temporada

La dieta estacional prioriza el consumo de alimentos frescos y de temporada, es saludable, sostenible y cuida nuestro entorno porque favorece la economía local y reduce la huella de carbono. En general, durante los meses más cálidos necesitamos incluir en nuestra alimentación alimentos frescos, ricos en agua, antioxidantes y menos calóricos.

En verano destacan especialmente frutas con alto contenido en agua como sandía, melón, melocotón, cerezas o albaricoques, ideales para mantener una buena hidratación.

10 consejos para una alimentación saludable en verano

1. Hidrátate antes de tener sed

La sed aparece cuando el cuerpo ya ha empezado a deshidratarse. Lo ideal es beber agua de forma regular durante todo el día y en las comidas. También ayudan:

  • Gazpachos y cremas frías
  • Fruta fresca
  • Infusiones frías sin azúcar
  • Licuados naturales

2. Sigue las recomendaciones de la dieta mediterránea

3. Prioriza frutas y verduras frescas

Las frutas y hortalizas aportan agua, fibra, vitaminas y antioxidantes. Además, son ligeras y ayudan a combatir el calor.
Una buena idea es incluirlas en:

  • Ensaladas completas
  • Snacks saludables
  • Smoothies naturales
  • Bowls frescos

4. Reduce el alcohol y las bebidas azucaradas

Aunque puedan parecer refrescantes, las bebidas alcohólicas y los refrescos azucarados favorecen la deshidratación. La mejor bebida es el agua. También infusiones, mejor frescas.

5. Modera el consumo de carne y prioriza el del pescado

6. Mantén las grasas saludables

No las elimines, elige las adecuadas. El aceite de oliva virgen extra sigue siendo la mejor opción para aliñar y cocinar.

7. Cocina de forma sencilla y ligera

En verano apetecen recetas rápidas y frescas. Es un buen momento para las ensaladas y los productos frescos. Evita las comidas copiosas y los picoteos calóricos.

 8. ¿Y de postre?

La fruta fresca es el mejor postre para el verano. También puedes optar por postres lácteos con fruta, para incrementar los niveles de probióticos y prebióticos, y helados ocasionales.

9. Mantente activo

El verano es un buen momento para moverse más, caminar, nadar o hacer actividades al aire libre.

10. Cuida tu alimentación si haces ejercicio

Con el calor aumentan las pérdidas de líquidos y minerales. Si practicas actividad física:

  • Bebe agua a pequeños sorbos. La deshidratación dificulta la termorregulación, aumenta el estrés cardiovascular y favorece el daño renal.
  • Evita las horas centrales del día
  • Repón líquidos y alimentos después del ejercicio
  • Añade agua y electrolitos si sudas mucho

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